La esperanza es lo último que se pierde. Eso dice la mayoría de la gente, entre la que yo me incluyo. Pero muchas veces, la esperanza es lo peor que te puede pasar, esta suele derivar a la decepción. A estar pendiente en todo momento de un aparato con teclas que no sonará; a estar toda la noche despierta esperando que tenga a bien acordarse de ti, aunque solo sea con un simple toque; a que aparezca por la puerta o este sentado en el portal.
Realmente, la esperanza no es ni tan buena ni tan bonita como la pintan, pero realmente, si no hay esperanza, ¿qué nos queda?
Resignación, un resignamiento positivo del que no queda otra, porque la esperanza te dice que esto mejorará, y que algún día ese mensaje llegará arrancando de ti una sonrisa.
Y tú, esperas, esperas, esperas…