martes, 28 de agosto de 2012


Mi castillo de cristal, con una banda sonora de Rock clásico. Optimismo y pesimismo comparten habitación en un mundo en el que nada es lo que es. Las paredes se agrandan y se estrechan en función de la hora en la que el sol les da de refilón. Nunca hay día y nunca hay noche, ahí donde los sueños empiezan. Poco a poco la parsimonia de la juventud pasa de largo recogiendo los chupetes que un día tiró; y las teclas no dejan de sonar mientras los pájaros revolotean delicadamente sobre unas flores que no les convienen, y sin embargo, no lo pueden evitar.

En mi castillo de cristal, las escaleras son de mármol, las ventanas de latón y los cuadros de espejos mágicos creados más allá de las montañas.