Mi castillo de cristal, con una banda sonora de Rock clásico.
Optimismo y pesimismo comparten habitación en un mundo en el que nada es lo que
es. Las paredes se agrandan y se estrechan en función de la hora en la que el
sol les da de refilón. Nunca hay día y nunca hay noche, ahí donde los sueños
empiezan. Poco a poco la parsimonia de la juventud pasa de largo recogiendo los
chupetes que un día tiró; y las teclas no dejan de sonar mientras los pájaros
revolotean delicadamente sobre unas flores que no les convienen, y sin embargo,
no lo pueden evitar.
En mi castillo de cristal, las escaleras son de mármol, las
ventanas de latón y los cuadros de espejos mágicos creados más allá de las
montañas.
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