jueves, 1 de diciembre de 2011


Mañana, al despertar, despertará tu mundo.
Despertarás tú y tu sonrisa.
Mañana, al despertar, serás la que siempre quisiste ser, sin photoshop, ya has descubierto que no te gusta cómo te queda.
Mañana, al despertar, vivirás cada milésima como a ti te plazca y disfrutarás de cada brizna de aire que corre por la calle.
Mañana al despertar, dejarás que la risa de un niño pequeño de llene y que una película absurda te haga llorar como si te hubiese pasado a tí. Te estremecerás con un simple recuerdo y quemarás todas tus calorías con espasmos de risa e hiperventilaciones varias.
Mañana, al despertar, cantarás, gritarás, bailaras con la luna y simplemente respirarás.

Mañana es tu día, recuérdatelo todas y cada una de tus noches.
Cómete el mundo.

Mañana al despertar, serás tú misma. ¿No lo vas a aprovechar?


miércoles, 9 de noviembre de 2011




Y vuelo,
vuelo con el ímpetu de una libertad recuperada
en el aire olvidado en el despecho;
vuelo y me sosiego
en la magia de un amanecer tardío
de una sonrisa recuperada.
De donde vengo, no importa,
Adónde me dirijo...
camino hacia el destello,
siento mi sonrisa
y, eso, solo siento.

(Victoria Mindel Caomar)

lunes, 17 de octubre de 2011



Creer en tu sonrisa
en un dibujo,
en una línea;
creer en tu ilusión,
una pérdida,
un suceso,
un soplo
liviano que se va.

(Jamyang Drepung)

lunes, 5 de septiembre de 2011


Una tarde cualquiera de verano, un día sin más. Sales de casa e inexplicablemente, cuando metes la mano en tu bolsillo, los cascos no están. Te planteas volver a por ellos, pero ya llegas tarde, y aunque te espera un trayecto de más de media hora, te resignas y vas hacia el metro.

Cuando entras en la estación con la sensación de aburrimiento total, descubres cosas que te llaman la atención. La pareja de al lado se susurra cosas que creen que no oyes, inmersos en su burbuja improvisada; la niña le pide a su madre un caramelo; las señoras mayores se ponen al día discutiendo sobre cuál tiene la mejor nieta de las dos; el chico del fondo tiene unos cascos puestos y tararea una canción que reconoces.

Llega el metro y te metes con la sensación de que el trayecto no será tan largo, que quizás hicieses bien en haberte dejado los cascos, y descubres que en el tren hay… SILENCIO.
Apenas se oyen unos murmullos de algunas personas.
Las palabras se venden a un precio alto al pasar las puertas y se debaten entre el sonido del tren avanzando por las vías y el pudor de la gente de alrededor. Como si estuvieran paralizados.
En vez de “metro” debería llamarse reflexiones personales, porque apenas se oye un alma.
El tren avanza de estación a estación y las personas van cambiándose por otras. En algunos casos tienes suerte y suben personas que parece que traen algo de divertido, pero cuando entran y se sientan, coinciden en el patrón del voto de silencio y la nula sociabilidad.
Las personas dejan entre ellas asientos de distancia y otras se plantean si sentarse al lado de otro desconocido.

El tren para de nuevo, y yo me bajo en la estación, donde parece que el mundo vuelve a moverse, devolviéndoles las palabras y los gritos que se les piden de fianza al entrar en un vagón…

miércoles, 13 de julio de 2011


Y tu sigues aquí, tal y como empezaste, escondida entre un "yo puedo" y un "yo voy a hacerlo". Metida entre lo mas hondo de las canciones sin nombre que suenan a tu alrededor y no sabes ubicar. Los escalofríos te rodean invitándote a ser parte de ellos, pero tu te quedas parada, cual imbécil redomada, sin siquiera pensar, hacer, querer, sentir. Pero con las cosas claras, aunque todo depende de por que se mire. Sal de tu caparazón pequeña estrellita, sal y mira la luna. Mírala, esta brillante, quizás no lo sientas así, pero todos los signos te lo demuestran. Cree, vuelve a respirar aire fresco que el universo te envía, que esta deseando entrar en ti y perderse en tu presencia infinita. Aunque todo tiene que ver, las estrellas no salen a placer, el mar las llama a ir y el mar está en silencio…

¿Ilusion o mentira?

lunes, 4 de julio de 2011


La pared naranja me mira incesante, mientras yo no se que contestar.
Sigo a lo mío, como siempre, pero noto su mirada clavada en mi alma. ¿No ves que no lo entiendo? Relájate y déjame vivir. Pero ella no cesa en su intento de lograr algo que el resto del mundo desconoce. Cada día, cada noche. Ella está ahí, con el mismo interrogante en cada célula de su preciado y arrugado gotelé del color de un atardecer apagado. Ella, que ha vivido cada uno de mis pasos, que si pudiese escribir un diario sobre mi vida, me sorprendería hasta a mi misma. Ella que continúa impasible ante el frío y el calor, que su color no se derrite ni con un vaso de agua, donde se ahogan las palabras de los demás. Quiere pero no puede, sabe pero escucha a pesar de todo. No se mueve, no actúa, no reflexiona, ni acaricia. Pero sabe, conoce más que un viejo sauce.
Continúa ahí, la vieja y desgastada pared de color naranja, del color que no olvida, ni puede siquiera decir lo que con tantas ansias revela con su estremecedor tacto agridulce, porque te cuenta lo que no quieres oír.
Esa vieja pared que remueve tus cajones, pero que ni oyes, ni sientes, ni tienes la idea de que existe…

jueves, 30 de junio de 2011


La esperanza es lo último que se pierde. Eso dice la mayoría de la gente, entre la que yo me incluyo. Pero muchas veces, la esperanza es lo peor que te puede pasar, esta suele derivar a la decepción. A estar pendiente en todo momento de un aparato con teclas que no sonará; a estar toda la noche despierta esperando que tenga a bien acordarse de ti, aunque solo sea con un simple toque; a que aparezca por la puerta o este sentado en el portal.
Realmente, la esperanza no es ni tan buena ni tan bonita como la pintan, pero realmente, si no hay esperanza, ¿qué nos queda?

Resignación, un resignamiento positivo del que no queda otra, porque la esperanza te dice que esto mejorará, y que algún día ese mensaje llegará arrancando de ti una sonrisa.

Y tú, esperas, esperas, esperas…