miércoles, 25 de diciembre de 2013



Los satélites que se lanzan al espacio, no están flotando alrededor, libres y sin ataduras. Lo que realmente están haciendo es caer. Una y otra vez. La gravedad les empuja a un vacío sin fin que termina por convertirse en una rutina giratoria de la que no saben escapar. Y ellos siguen la corriente, porque es lo que en realidad tienen, deben, saben hacer. ¿Y qué hay de lo demás? ¿Qué es lo que queda cuando despertamos? El tiempo. Manecilla a manecilla se come nuestros cuerpos, ilusiones, intenciones. Nuestras ganas de siquiera pensarlo. Mediante una excusa u otra nos convencemos de que esta es nuestra vida y que, de hecho, así es como la hemos elegido, cuando lo cierto es que nuestro propio cuerpo se anticipa unas milésimas de segundo a nuestra propia actuación. ¿Determinismo, destino, cosmos, locura? O una simple reflexión. De cómo la felicidad es una invención para adecuarnos a lo que tenemos, porque lo cierto es que de aquí, de este mundo, no podemos salir, y el conformismo es lo único que se interpone entre nosotros y lo que llamamos existencia. Porque lo cierto es que acaba. Y al final, no somos nadie, simples números en el recuento del final de un año. Porque al fin y al cabo, nuestro cuerpo es sabio, y sabe cómo hacernos creer como podemos continuar. Porque la magia no existe, son simples reacciones hormonales, una conjunción de estaciones, momentos o situaciones que en el fondo, ni controlamos, ni sabemos que existen. Porque, porque, porque… La verdad, no hace ni falta preguntárselo, porque el único por qué que nos sale pensar, es que mañana volveremos a despertar, y el contador seguirá en marcha, esperando a que algo, simplemente, cuente, o pase, o colapse.

martes, 18 de junio de 2013



Ella, tumbada en la arena, lo único que quería era deshacerse, del mundo, de su identidad. Permitir que se la comiera el mundo en vez de comérselo ella. Respiraba lentamente, muy bajito, para que nadie la escuchara y tuviera a bien “salvarla”. Ella, más minúscula que un granito de esa arena sobre la que se escondía, desterraba sus pensamientos, recuerdos y fantasías en una caja de fino cristal. Se negaba a abrirla, para evitar al huracán. Las olas mojaban sus pies y la luna le iluminaba el rostro, pero ella no estaba. Ni estaría. Al menos durante esos minutos en los que ella se enterrara en la playa más lejana de su propia habitación. Tapada con una manta y en el medio de la ciudad, ella, soñaba alejarse, pero nunca era suficiente.

miércoles, 24 de abril de 2013

Cuando la primera pregunta que te haces no es “¿por qué?” sino “¿para cuándo?” es el momento en el que tienes que empezar a replantearte si has perdido tu propio sentido del “yo”. Al menos hasta que vuelva el verano.

lunes, 1 de abril de 2013



Una canción, una nota que te llama, te susurra y te envuelve. Una guitarra de fondo y ya eres suyo, por completo. Te entregas a su tono, a su adaggio y a su textura. Tu cuerpo se balancea y tu pecho se hincha. Vas vienes, cierras los ojos y la notas dentro de ti, en un lugar donde sólo estas cosas pueden existir. Y notas que se va a terminar, y algo se apaga en ti. Pero no te decepciona. Sube, sube sube sube alto y te pierdes aún más entre los acordes escondidos de ese teclado. Y entonces sí, se acaba, porque te tiene que dejar descansar después de tanta emoción, porque no es bueno gastar lo que tanto te gusta. Hay que ir lento, muy lento para ir descubriéndola poco a poco. Con tranquilidad y una sensación de energía, un cosquilleo que notas en la punta de los dedos, vuelves a tu mundo.


Escucha. ¿La oyes? La música. Yo la oigo en todas partes. En el viento, en el aire, en la luz. Está por todas partes. Todo lo que tienes que hacer es abrirte. Todo lo que tienes que hacer es escuchar.