lunes, 2 de abril de 2012


Límites. Limitaciones. No poder ir más allá. Sentimiento de impotencia y rabia. Ganas de explotar y de arrancar los hilos que te atrapan. Ganas de huir, de escapar. De gritar y no parar. Pensamientos circulares que te llevan a la misma conclusión que llegaste el día que arrancaste la marcha de tu cerebro, ¿qué? El nudo apretado, los pinchazos tensos y los zapatos que no te dejan respirar. La silla que no deja de dar vueltas ha dejado de marear el mar y la gaviota te atrapa. El sentido se levanta y se va a dormir, y el encierro entre los números del reloj digital de la mesilla de al lado, que ni suena, ni se mueve, ni puede aprenderse tu nombre.
Y así pasan los colores saludando por la ventana, viajando en sus nubes de cristal, que al final, se rompen.

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